No discutí. No supliqué. Ni siquiera suspiré. En cambio, abrí el maletero, ayudé a cargar su equipaje y les deseé un buen vuelo. Lily saltó al asiento trasero del coche de mis padres, todavía con esa sonrisa engreída, como si hubiera “ganado” alguna competencia tácita entre nosotras.
“Les regalé a mis padres un lujoso viaje de una semana a Europa conmigo. Cuando los recogí para ir al aeropuerto, me dijeron que habían […]