Te despiertas, te sientas al borde de la cama y, antes de dar el primer paso, ahí está otra vez:
ese mareo suave pero molesto, como si el piso fuese de goma o la cabeza no terminara de encajar con el cuerpo.

No es un vértigo que hace girar la habitación.
Es algo más sutil, más traicionero: cabeza pesada, pasos inseguros, sensación de “andar flotando”.
A muchos les dicen: “Es normal, es la edad”.
Pero como geriatra, yo, el Dr. Luis Luna, he visto demasiados pacientes mejorar como para aceptar esa frase como destino.
El mareo y la cabeza pesada no son parte obligatoria del envejecimiento.
En la mayoría de los casos están relacionados con hábitos diarios que parecen inofensivos, pero que desajustan el equilibrio, la circulación y la forma en que el cerebro interpreta el movimiento.
Piensa en tu equilibrio como una orquesta: hidratación, respiración, oído interno, presión arterial, músculos del cuello…
Si uno desafina, el conjunto pierde armonía y el mareo aparece.
Vamos a revisar, uno por uno, los 7 errores más frecuentes que veo en consulta y cómo corregirlos con cambios simples pero poderosos.
Error 7: Irte a la cama justo después de cenar
Muchos adultos mayores cenan, miran un rato televisión y, en menos de 20 minutos, ya están acostados.
Parece un hábito tranquilo, pero tiene consecuencias:
- El estómago aún está trabajando y necesita mucha sangre para digerir.
- Al acostarte tan pronto, se redistribuye la circulación hacia el abdomen y momentáneamente llega menos sangre al cerebro.
- A la mañana siguiente aparece la cabeza pesada y la inestabilidad al levantarse.
Recuerdo a don Alfredo, 72 años.
Se mareaba solo al levantarse, el resto del día estaba bien. El problema no era la mañana, era la noche: cenaba y se acostaba enseguida.
Solo con esperar 2 horas entre la cena y el sueño, sus episodios de mareo se redujeron de forma drástica.
Dormir inmediatamente después de comer también aumenta el riesgo de reflujo silencioso, que irrita estructuras cercanas a los nervios implicados en el equilibrio.
Qué hacer
- Cena más temprano siempre que puedas.
- Deja pasar al menos 2 horas entre la cena y acostarte.
- Si tienes mucha somnolencia después de comer, haz una siesta corta sentado, no completamente acostado.
Error 6: Pasar horas sentado sin mover el cuello ni cambiar la mirada
“Doctor, casi no hago nada, ¿cómo me voy a marear?”
Justamente por eso.
Después de los 60, el cuerpo tolera muy mal largos periodos de inmovilidad, sobre todo con el cuello ligeramente inclinado hacia delante (televisión, celular, lectura).
¿Qué ocurre?
- Los músculos del cuello se tensan como una cuerda dura.
- Se reduce el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
- Los sensores de posición en el cuello envían señales confusas al sistema de equilibrio.
Doña Marta describía su sensación así: “Es como si tuviera un ladrillo dentro de la cabeza”.
Pasaba más de 6 horas al día en el mismo sillón, con el cuello adelantado.
Qué hacer
- Cada 30–40 minutos, levántate aunque sea 2 minutos.
- Mueve los hombros hacia atrás, gira suavemente el cuello de lado a lado y mira a lo lejos por la ventana.
- Evita permanecer horas mirando hacia abajo (celular, tejido, libro). Eleva lo que estés usando a la altura de los ojos.
Error 5: Casi no tomar agua y vivir a café e infusiones
Muchos me dicen:
“Doctor, deshidratado no estoy, tomo café todo el día”.
El problema es que el cuerpo no cuenta el café como agua.
Después de los 60:
- tenemos menos sensación de sed,
- la sangre se vuelve un poco más espesa cuando falta agua,
- la presión se vuelve inestable.
Resultado: mareo al levantarse, visión nublada, pasos débiles.
El exceso de café, té fuerte o infusiones diuréticas empeora la deshidratación y, si además tomas medicación para la presión o diuréticos, el mareo se multiplica.
Qué hacer
- Mantén una meta sencilla: 6–8 vasos de agua al día, repartidos.
- Por cada taza de café o té, intenta sumar un vaso de agua.
- Ten una botellita a la vista: lo que se ve, se toma.
- Si te levantas mucho de noche al baño, concentra la mayor parte del agua en la mañana y la tarde.
Error 4: Respirar de forma superficial y rápida todo el día
No hace falta sentir “falta de aire” para respirar mal.
Cuando estás concentrado, preocupado o mucho tiempo sentado:
- respiras corto, desde la parte alta del pecho,
- el diafragma casi no se mueve,
- el cuello y los hombros hacen un trabajo que no les corresponde.
Eso genera:
- menor oxigenación cerebral,
- más tensión cervical,
- sensación de nube mental y cabeza pesada.
El equilibrio usa la respiración como un ancla interna.
Si respiras agitado y superficial, el cerebro interpreta desorden e inestabilidad.
Ejercicio sencillo
Varias veces al día, sobre todo antes de levantarte de la cama o al iniciar una caminata:
- Inhala por la nariz contando 3 segundos.
- Mantén el aire 1 segundo.
Exhala lentamente por la boca contando 4 segundos.
Repite de 3 a 5 veces.
En pocos minutos muchos pacientes sienten que “la cabeza se despeja”.
Error 3: Permanecer en la misma postura durante demasiado tiempo
No es solo “ser sedentario”, es quedarse congelado en una postura:
mucho rato sentado,
acostado sin moverse,
incluso de pie apoyado siempre en la misma pierna.
Cuando eso pasa:
la circulación se ralentiza,
los músculos posturales se fatigan,
el cuello y la zona lumbar se tensan,
los receptores que avisan de los cambios de presión se vuelven torpes.
Es el típico caso de:
“Me levanté del sillón y por un segundo se me fue todo”.
Qué hacer
Cada 30–40 minutos cambia de postura, aunque sea un poco.
Si estás sentado, ponte de pie y mueve brazos y piernas.
Si estás de pie, camina unos pasos o apoya el peso en la otra pierna.
Usa “disparadores”: cada vez que termines un capítulo, una llamada o un mensaje, muévete.
Son “micro-movimientos”, pero para tu circulación y equilibrio son enormes.
Error 2: Empezar el día con un desayuno lleno de azúcares rápidos
Pan blanco con mermelada, galletitas dulces, jugos industriales, cereales inflados…
Parecen livianos, pero provocan una montaña rusa de azúcar en sangre:
Subida brusca de glucosa.
Descarga fuerte de insulina.
Caída rápida de azúcar.
El cerebro, que recién está “despertando”, recibe primero un golpe de energía y luego un bajón.
Eso se siente como:
mareo entre el desayuno y media mañana,
visión borrosa,
sensación de cabeza hueca o “vacía”.
Después de los 60 la respuesta a la glucosa es más lenta e irregular, por eso estos picos afectan todavía más.
Qué hacer
Cambia los azúcares rápidos por proteína + fibra + grasa saludable.
Ejemplos:
yogur natural con semillas y fruta entera,
pan integral con palta/aguacate y huevo,
avena cocida con frutos secos.
Si te gusta algo dulce, que sea después de haber comido proteína y no como única base del desayuno.
El objetivo es darle al cerebro energía estable, no explosiones de azúcar.
Error 1: No incluir alimentos que ayudan a estabilizar la presión arterial
Este es el error más común y uno de los más ignorados.
Muchos mareos al levantarse, visión que se “apaga” por un instante o sensación de que el piso se inclina se deben a una presión arterial demasiado frágil, que sube y baja con facilidad.
Eso ocurre cuando la alimentación es pobre en:
Potasio (plátano/banana, espinaca, papa, legumbres, frutas frescas).
Magnesio (avena, cacao puro, semillas, frutos secos).
Sodio natural en cantidades adecuadas (caldos caseros, alimentos poco procesados), especialmente si sudas mucho o tomas diuréticos.
No se trata de comer más sal procesada, sino de darle al cuerpo los minerales correctos para que los vasos sanguíneos se mantengan firmes y el flujo al cerebro sea estable.
Qué hacer
Asegura cada día, aunque sea en porciones pequeñas:
1 fruta rica en potasio (banana, naranja, melón, etc.).
1 porción de verduras de hoja verde.
Alguna semilla o fruto seco.
Caldos caseros si tu médico no te ha indicado una dieta estricta sin sal.
Habla con tu médico si ya tomas medicación para la presión: los cambios en la dieta deben coordinarse con él.
Cuando estos alimentos aparecen de forma constante, la presión responde mejor y esos mareos breves suelen disminuir.
Cómo empezar a cambiar desde hoy
No tienes que corregir los 7 errores de golpe. Puedes:
Elegir uno o dos que reconozcas en tu rutina.
Trabajarlos durante 2–3 semanas.
Luego pasar al siguiente.
Por ejemplo:
Esta semana: tomar más agua y no ir a la cama justo después de cenar.
La próxima: mejorar el desayuno y levantarte cada 30–40 minutos.
Pequeños ajustes, repetidos cada día, son los que cambian de verdad la forma en que te sientes al levantarte y al caminar.
Aviso importante
Este artículo tiene fines educativos y no reemplaza la consulta con tu médico, neurólogo o cardiólogo.
Si tus mareos son intensos, aparecen de repente, se acompañan de visión doble, dificultad para hablar, dolor en el pecho, debilidad en un lado del cuerpo u otros síntomas preocupantes, busca atención médica de urgencia.